
Porque recuerdo el olor de la hierba puedo empezar diciendo que era verano. Jugábamos. El corazón golpeando fuerte en la tierra, la nariz pegada al suelo, conteniendo la respiración después de la carrera. Si te descubren, corre: corre hasta la piscina, sube por la escalinata del porche, corre hasta tocar la columna. Cuidado con el último peldaño, parece que está a punto de caerse.
Cada verano hacemos bocadillos, inventamos una excusa y atravesamos el bosque de pinos. Hay que caminar toda la mañana para llegar hasta allí. Vamos todos juntos, hacemos bromas, cantamos alguna de esas canciones, cuando no pasa nadie por el camino, abrimos el alambre de la valla y entramos en el recinto. El bosque se aclara y podemos ver la casa, una pared blanca y brillante, una torre, en medio del mundo. Desde lejos no puedes saber que está vacía.
La primera parada, siempre, es la piscina. Dependemos de las lluvias. Este verano un tronco flota en el agua y el fondo está oscuro. Alguien dice que ha visto un pez. ¿Cómo ha llegado un pez hasta allí? Tiramos piedras y nos quedamos mirando las ondas, como si algo fuera a pasar. Vamos adentro, vamos adentro. La casa es enorme. Es de día y escuchamos cantar a los pájaros, y sin embargo, tenemos miedo.
Otro verano.
Guardamos silencio. Miramos un pájaro clavado en la pared del sótano, las alas extendidas, la sangre ya seca en el muro. Alguien dice que es magia negra. Nos reímos, pero el miedo corretea entre nuestros pies como un cachorro. De nada sirve escapar, porque no hay nadie. Además ¿Quién puede tenerle miedo a un pájaro, vivo o muerto? La casa se convierte en territorio compartido. Sabemos que hay otros, y buscamos su rastro: pisadas, huellas, mechones de pelo enredados en el alambre… cualquier cosa.
Al día siguiente atravesamos el bosque en silencio, vigilando. En el muro del sótano, la sangre permanece, pero el pájaro ya no está. Lo llamamos como llamaríamos a un muerto: dibujamos con tiza en el suelo las marcas que pensamos que convocarán su espíritu: lunas, estrellas de cinco, de seis puntas. Nadie aparece. Solamente revolotea entre los escombros una mariposa grisácea ¿Será él?
Otro verano.
Jugamos a las cartas en la habitación principal. Hemos traído una tabla de madera que sujetamos con trozos caídos la barandilla de mármol. El salón es enorme, y donde debería estar el techo solamente hay luz del sol. Desde allí escuchamos los pasos del hombre que se acerca. Los jadeos de los perros, que no nos delatan. Ellos saben que estamos ahí, saben que venimos aquí, verano tras verano. Pueden olernos. El hombre pasea, no está buscando, pero lleva una escopeta. El color de su ropa se confunde con los troncos de los pinos. Son perdigones de sal, no pueden hacernos daño, nos decimos, pero cuando viene, nos ocultamos tras las columnas, bajo la escalera en ruinas, nos convertimos en parte de la casa, de los matorrales de espinos que ya crecen en las habitaciones, nos confundimos con las ruinas del porche. Por si acaso, me aprieto contra su cuerpo en lugares pequeños, fingiendo que es mejor para todos.
Si nos descubre, corremos, corremos hasta el límite marcado con verja de alambre, hasta el final del bosque de pinos, corremos hasta la carretera, y de camino a casa nos mostramos las marcas, como trofeos, de los impactos recibidos en la piel.
Celebramos otro verano, organizamos una fiesta. Estoy de pie, apoyada en un trozo de piedra que fue columna, bebiendo algo con coca cola en una copa de plástico. Los demás preparan la fogata para una barbacoa. Hemos robado la comida de nuestras casas, hemos falsificado el carnet para comprar bebidas. Y yo me muero de ganas y él está caminando hacia mí.
De la mano, bajamos al sótano. Es el único lugar que tiene paredes, aunque yo preferiría estar al aire libre, mirar al cielo, escuchar algún búho. Aquí no puedo ver, pero no me importa. El momento es lo que importa, a partir de ahora es cuando todo empieza, él ha bajado conmigo la escalera, apartando las hojas para que no las pise, y al apoyar la espalda desnuda en la pared, pienso en la sangre del pájaro y en mi espíritu, y en cuántos años vive una mariposa gris.
No nos diremos ni una palabra en el camino de vuelta a casa. No importa. Importa cómo le tembló la voz mientras me lo pedía. Importan los espinos del arbusto que nos clavamos antes de entrar. Nuestra respiración, el jadeo de los perros, la columna en ruinas, esa que ya no está. El techo del salón, el sótano sin pájaro, el pez, la piscina, el porche con la escalinata por la que el verano que viene ya no podremos subir.
jueves 9 de febrero de 2012
Otro verano
lunes 6 de junio de 2011
Cronómetro 12:00

He planeado vivir mi muerte: lo he deseado a oscuras, lo he suplicado con vergüenza y con culpa. Cada mañana me he arrepentido.
No consigo no imaginar. Simplemente. Morir y sin embargo, estar. Sentir la muerte, vivir ese acabarse. Simplemente. Conseguir permanecer así.
Pero mi cuerpo no deja que me engañe. Ese cuerpo que me pide y me traiciona. Su calor, su latido, el insoportable parpadeo que me recuerda que todavía soy.
Mientras tanto, construyo en mi cabeza la historia: La falta de frío dentro y fuera de mi piel. La palidez de la sangre que se deja llevar.
Y el cese de la respiración me permite escuchar otros sonidos: El mitológico crecimiento de las uñas. El lento hundimiento de los ojos. El no-movimiento:
el principio.
martes 3 de mayo de 2011
miércoles 22 de diciembre de 2010
LLUVIA

Lluvia. Sigue lloviendo con fuerza.
Corro para intentar seguirla. Arrastro la tristeza tanto tiempo que ya pesa. Pesa tanto que no puedo seguir a la lluvia.
Quiero desprenderme de ella.
Las máscaras se van cayendo sobre los charcos, una a una.
Quiero dejar de correr.
Paro sobre el asfalto y reconozco mi cara entre las gotas
martes 23 de noviembre de 2010
LA PRIMERA VOCAL
(Para Aña y todas las "As"
La primera vocal.
La de la luna.
La de la ola y la marea.
La niña lista
peinada con flequillo y con trenza.
La niña mala.
La dona hermosa y fuerte,
La sensible y la tonta.
La inclinada a dejarse embaucar
por “oes” canallas.
La que no miente nunca,
la rebelde.
También la “a” de madre,
La de hermana y abuela.
La de hija, que abarca tanto
que da la vuelta al mar
y siempre vuelve.
La inmensa “a” de amiga,
la de la sal y el agua,
la del pan.
Y volando entre todas y en su origen
las “aes” de amor y tierra.
martes 12 de octubre de 2010
Juan Rulfo lee "No oyes ladrar los perros"
A disfrutarlo y hasta mañana!
http://www.youtube.com/watch?v=cewv7qyUpsA
martes 27 de julio de 2010
viernes 28 de mayo de 2010
HAYKUS (O ALGO PARECIDO)
la primavera vuela
vencejo arriba.
La peonía
crece ajena al peligro
y a su belleza.
La noche llega
escondiendo en sus sombras
fuego y mentiras.
El árbol bajo el viento
barco sin mar
esperando el diluvio.
Los chopos en hilera
silencio vivo
catedrales frondosas.
Árbol dorado,
leña seca en la tarde.
Serenidad.
Cigüeña en vuelo
percha para colgar
la luz del día
En mitad de la tarde
lloramos lluvia
antes del arcoiris.
martes 25 de mayo de 2010
viernes 21 de mayo de 2010
ESTE VIERNES NOS INVITAN AL BUKOWSKI...
...y, muy exasperadamente, hemos aceptado.
Es para nosotros un gran placer formar parte de este emblemático lugar, punto de encuentro desde hace ya unos años de escritores, poetas, lectores y demás gente de mal vivir.
Viernes 21 de Mayo a las 21:30 H
Club BUKOWSKI
calle San Vicente Ferrer, 21 - MADRID
¡Nos gustará verte!
Recuerda que también puedes exasperarte con nosotros en Facebook:
http://tinyurl.com/33kj53b
jueves 29 de abril de 2010
EXASPERADOS EN...

Mañana volvemos a exasperarnos. Si puedes esperar un día más para ir a ver Iron Man 2, aquí tienes un evento:
Viernes 30 de Abril a las 20:00 H
Librería ENCLAVE DE LIBROS
calle Relatores, 16 - MADRID
¡Nos gustará verte!
http://tinyurl.com/33kj53b
Y si te apetece, sigue exasperándote con nosotros en:
http://www.exasperados.blogspot.com/
¡Gracias por vuestro incondicional apoyo!
miércoles 28 de abril de 2010
ME FUI
Me fui de la casa de mis padres
Me fui y salí al mundo.
Caminé por mesetas y desfiladeros
por planicies terribles donde tan sólo habitan
los huesos calcinados de los bueyes
Por desiertos oscuros
donde duele sentir.
(También por lunas frescas
con aroma a ajedrea)
Viaje por continentes que no están en los mapas.
Comí del pan amargo del olvido.
Quise morir tres veces
y en mitad de la última agonía
vi tu sonrisa
florecida de lluvia.
Paloma González Poza
LA CASA FAMILIAR
Las cenizas del pasado crecen
y abrigan este espacio inventado
esta raíz mutante
que sostiene y a la vez destruye.
Esta gruta olorosa
a invierno y a membrillo.
Debajo de la cama habita el miedo
y espero, con ojos como agujas
el beso de mi madre
que apacigüe las sombras
II
Aquí cabemos todos,
en esta casa que es ceniza y ombligo,
pies contra pies,
abrigados al cálido brasero
de ese invierno mutante de la infancia.
Llovió durante años
y la madre se convirtió en raíz,
encandiló a los niños
cosiendo historias rotas en sus párpados.
miércoles 14 de abril de 2010
Es para siempre

La boca absorbe el latido de los labios, el cuerpo se estremece. Ella le mira a los ojos por última vez, enormes las pupilas llenas de noche. Quiere que dure para siempre, pero tiene que irse. Aguanta la respiración, suelta su mano y dobla la esquina.
El taxista le pregunta si es agua o nieve lo que cae lentamente sobre el cristal. Ella imagina una estatua de hielo, los músculos fríos, en la esquina en la que tantas veces le dijo adiós. “Ésta es para siempre”, piensa, y con la manga del abrigo se limpia las manchas de sangre, aún caliente, de las manos.
viernes 19 de marzo de 2010
Y entonces, apreté el botón.
El asiento no era demasiado cómodo. Había tenido que ocuparme de tantas cosas que volví a olvidar ese pequeño detalle. Por lo demás, todo estaba en su sitio. El espectacular cinturón de seguridad forrado en piel de vaca, aquella super-resistente pintura metalizada, a juego con el volante de acero cromado, y unas carísimas luces tipo LED que respondían perfectamente a toda la información que llegaba desde el alucinante cuadro de mandos chapado en platino. Había empleado bien cada minuto invertido y ahora no lamentaba que me hubieran largado del trabajo hace un mes y que mi mujer no me hiciera ya más caso que a un Madrid-Barça. Afuera, el tiempo libraba una feroz batalla con todos los demonios del universo y parecía lanzar brazos y piernas desmembrados contra la puerta cerrada del garaje. Una tormenta memorable. Era hora ya de probar aquel cacharro. Y entonces, apreté el botón.
De no ser porque soltó la bolsa para darse el impulso necesario con la mano derecha y poder así saltar hasta el césped, me hubiera llevado por delante a María con el coche. No tuvieron mejor suerte esas naranjas que llevaba en su interior, que exprimieron hasta la última gota de su zumo bajo las ruedas de aquel trasto que acababa de comprar en el desguace de la esquina.
-¿Qué te parece? –dije orgulloso- ¡Funciona! –y echando un vistazo desde mi asiento de conductor al amasijo anaranjado que se acumulaba ahora en las ruedas- esto, con un par de retoquitos ahora que por fin tengo tiempo...
-Tiempo, tiempo… -María, retirándose unas molestas y pegajosas gotas de su cara, permanecía en el suelo, junto al camino de piedras que llevaba hasta el garaje- si no lo perdieras tanto en bobadas como esta, tendrías todo el tiempo del mundo.
-¿Estás bien? –grité decepcionado-. Sube. Vamos a meter todo esto dentro.
María ni siquiera hizo el intento de recoger sus bolsas. Ya no miraba cuando la vi cerrar de un portazo la puerta de la entrada.
-A ver cuando encuentras ya un puto trab… –me pareció oír esta vez.
Esperaba esa reacción, pero me extrañó ver las naranjas. Cogí el periódico del día que aún permanecía en mitad del jardín. ¿Qué demonios era una ciclogénesis explosiva? Entré en casa pensando en cómo explicarle a María todo lo que había sucedido, aunque no iba a ser fácil, teniendo en cuenta el histórico de los últimos días. Tenía claro que ella aún no entendía mi especial empeño en aquel coche. Y estaba claro que su primera experiencia no había sido lo que se dice una cordial bienvenida. Para ella, aquella maravillosa máquina no era más que un montón de chatarra que sumaba doble puntuación para su premio especial al marido menos marido del barrio. Pero ya tendría tiempo de manejar aquello, no sería la primera vez. Debía ocuparme ahora de algo más importante: lograr que aquella máquina funcionara correctamente de una vez por todas.
No resultó nada fácil decirle a María que la European Quantic TM prescindía de mis once devotos y leales años de servicio al frente de su proyecto más ambicioso. Un pequeño ajuste en la plantilla y un gran recorte en el presupuesto no parecían ser suficientes razones para lograr de ella un mínimo de empatía. Y no la culpaba. Quizá un profesor de instituto, o un cartero, o un abogado en su hogar habrían dispuesto del tiempo suficiente para ocuparse de sus fantásticos hijos, de sus entretenidísimos compromisos sociales o de sus cada vez más apagadas ganas de conocer Sidney. Era ya tarde para cambiar una desacertada colección de zapatos, bolsos y abrigos, comparable sólo a otra desacertada colección de ramos de flores y tarjetas de disculpa.
Poco productiva resultó ser la semana siguiente. María se la pasó encerrada en el cuarto sin parar de llorar y tuve que encargarme personalmente de obligarla a comer algo. No hablaba, no comía, pero me aseguré de que siempre tuviera cerca una botella de agua. Yo sabía que un ser humano puede sobrevivir casi un mes con un sólo vaso de agua al día. Y también sabía ya todo lo que tenía que hacer para solucionar todo este asunto, así que, una vez que toda aquella rutina fue haciéndose más soportable, empecé a poner en marcha cuanto tenía en la cabeza. Apenas me quedaban tres semanas, y era importante que todo funcionara a la perfección. Cualquier mínimo error provocaría de nuevo un cambio de consecuencias imprevistas.
Tres semanas después, todo estuvo listo. Afuera, el tiempo libraba una feroz batalla con todos los demonios del universo y parecía lanzar brazos y piernas desmembrados contra la puerta cerrada del garaje. Era hora ya de probar aquel cacharro. Y entonces, apreté el botón. Aquel cacharro comenzó a vibrar bajo mi asiento y el cuadro de mandos empezaba ya a escupir chispas justo donde una aguja marcaba las 13:30 del día 3 de mayo de 2009. Aquel día María, volvía a casa con una bolsa de fresas en la mano.
De no ser porque soltó la bolsa para darse el impulso necesario con la mano derecha y poder así saltar hasta el césped, me hubiera llevado por delante a María con el coche. No tuvieron mejor suerte esos limones que llevaba en su interior, que exprimieron hasta la última gota de su zumo bajo las ruedas de aquel trasto que acababa de comprar en el desguace de la esquina.
jueves 18 de marzo de 2010
jueves 11 de marzo de 2010
Abriendo cajas
Todo cabe aquí dentro. Todo lo que recuerdo. Todo lo que intenté capturar y domesticar: mariposas, pajaritos, una abuela, gatos, chicos. Nadie tan fiel como los chicos, tan enjaulado como yo y mis animales. Yo, con mi cara de niña bonita en una casa de cuetro plantas. Yo en el cuarto del sótano haciendo las cosas que no se pueden decir. Haciendo cajas, abriendo cajas. Una vez, y otra. Y otra. Todo cabe en esa casa de cartón oscuro para mi, y cuando no quiero que nadie me mire me meto dentro de mi caja. Entorno los ojos. Y sonrío.
http://www.youtube.com/watch?v=Fbr3MDI1QLc
viernes 19 de febrero de 2010
Cuestión de supervivencia.
viernes 8 de enero de 2010
INVISIBLES. I
Le oyó venir calle arriba. Canturreaba una salmodia incomprensible que le llevaba de un extremo a otro de la calzada. Los pocos peatones que se apresuraban a esa hora por las aceras, cerraban oídos y volvían la cabeza cuando estaban cerca de él. También la nariz. De sus ropas de color indescifrable, se desprendía todo el tufo de la miseria: una mezcla de orines, vino barato y soledad.Cuando estuvo a su altura, ella también intentó fingir que no le veía, distraer la mirada hacia el escaparate de telas que estaba a su derecha, pero antes de que pudiera hacerlo, unos ojos azules, con un brillo absurdo de alegría en la pupila se quedaron detenidos en los suyos. Una boca mellada le sonrió y con una voz tan rasposa como era de esperar le dijo: - ¡Puta vida, desde que vivo en la calle, me estoy volviendo invisible!
INSPIRACIÓN
viernes 1 de enero de 2010
Frío
Atravieso el cristal,
diminutos trozos saltan y caen sobre el asfalto
mi sangre se vuele azulada,
deja de hervir, se congela con el frio
Los recojo y pego
con la lengua despacio moldeo formas que están en mi memoria
me corto los dedos y sangro
busco el reflejo pero el cristal es frio, no es sedoso
ya no es transparente
recojo los restos y los dejo en el armario
y olvido.
jueves 19 de noviembre de 2009
miércoles 18 de noviembre de 2009
viernes 30 de octubre de 2009
EL ANGEL DE LA BICICLETA
http://www.youtube.com/watch?v=facKCZhz7eE
Ocurrió en diciembre, en los días del hambre, cuando los poderosos habían despedazado el país y lo habían ido vendiendo trocito a trocito, cuando el dinero de los que tenían algo se convirtió en papel del monopoly y finalmente desapareció secuestrado por los bancos, cuando los que no tenían nada siguieron sin tener nada y después tuvieron algo menos que nada.
En esos tiempos, en una tierra que había sido la despensa del continente, era difícil conseguir tres comidas diarias y la gente empezó a alimentarse de su imaginación.
Se volvió al trueque; se organizaban mercadillos en los que se cambiaban dos madejas de lana verde por un pastel de calabaza, una pastilla de jabón de olor por media lata de carne en conserva o un paquete de café por dos tarros de mermelada casera. Delante de los bancos se organizaban determinados días de la semana, interminables colas para sacar un poco de dinero con el que pagar el recibo de la luz y evitar que la compañía cortase el suministro.
En los barrios más pobres, se organizaron comedores colectivos en los que se intentaba garantizar que, al menos los niños, tuvieran una comida digna al día. Todo el mundo llevaba su olla con lo que había podido encontrar y el guiso se compartía. Y cuando la buena voluntad no alcanzaba, se empezaron a asaltar supermercados. Como única respuesta, la autoridad decretó el estado de sitio. Se suspendieron, otra vez, todos los derechos y garantías constitucionales, la libertad de expresión y la de reunión. El horror y el espanto del fantasma de la dictadura volvió a aparecerse por calles y plazas. Pero esta vez la gente no acató y poco a poco comenzó a oírse por ciudades y pueblos un rumor que iba creciendo hasta convertirse en estruendo. Cientos, miles de cacerolas eran golpeadas desde balcones, desde ventanas, desde portales. Y después, salieron a la calle para decir que ya no tenían miedo, que ya no iban a poder con ellos, que no obedecerían ninguna orden que viniera de un poder político al que ya no se le reconocía ninguna autoridad. “Que se vayan todos”, gritaba la gente y en ese todos estaban englobados senadores, diputados, funcionarios, jueces y hasta el mismo Presidente.
Ocurrió en diciembre. La mañana del 18. Claudio trabajaba en un comedor escolar y recorría uno de esos barrios de casas de chapa montado en su bicicleta, intentando conseguir unos huevos o un trozo de carne con los que ayudar a inventar la comida del día. También organizaba talleres y actividades con los muchachos, abocados, como sus padres al paro y a la ignorancia. En su barrio también se saquearon dos supermercados en los que apenas ya quedaba nada y el ejército, por orden gubernamental, salió a la calle. Tomaron la plaza donde estaba su escuela y empezaron a disparar. Él se subió al tejado gritando “Bajen las armas, que aquí solo hay niños comiendo”. Una bala del comando 2270 le atravesó la traquea.
Después de su muerte las paredes del barrio, de la ciudad entera se llenaron de bicicletas aladas y de inscripciones “Claudio vive”. “Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo”
jueves 29 de octubre de 2009
A mis treinta y seis años
Los cañones gritan y la muralla responde, esa es la lengua que importa, ni el griego ni el turco, murmullos entre algodones sucios y ardientes. El mar es rojo como la sangre que cae, despacio, la sangre que el parásito desprecia, demasiado gordo para moverse. . No siente nada, está paralizado, los oídos y ojos aún funcionan, pero la lengua perezosa no quiere ayudarle a gritar para que paren y le dejen tranquilo.Intenta recordar Lepanto, la fortaleza objetivo, el pequeño puerto, los barcos en posición, hay que planificar o no habrá salida. No puede, sólo ve Escocia, lluvia, faldas que crujen y frío. Mujeres que coquetean o lloran, mujeres que suplican un romanticismo imposible, no saben quien es, el aristócrata de de amores escritos y nunca dichos.
Se cansó de Escocia, Inglaterra, Italia, como se cansó de Mary, Anna o Margarita, el cojo bribón, escurridizo, que escapaba en silencio a caballo y cambiaba de patria, llenando el hastío de conquista de libertades ajenas, que le llenaban durante meses hasta que el agujero crecía y todo se colaba por él.
Y ahora el hueco es demasiado grande y por él se rellenan las fuentes de cerámica, dos, tres, ha perdido la cuenta, blancas al llegar, rojas al marcharse, y no le quedan fuerzas, tiene treinta y seis años y sabe que en Missolonghi se acaba el viaje
(…)
Seek out--less often sought than found--
A soldier's grave, for thee the best;
Then look around, and choose thy ground,
And take thy rest.
On this Day I Complete my Thirty-Sixth Year
Lord Byron
jueves 22 de octubre de 2009
Caleidoscopio
Al principio llegó el rojo. Dulce y ligeramente picante. Siouxsie and the Banshees suenan en el ambiente, a ritmo sincopado junto a las risas, las partidas de mus en el bar robadas a las clases y los novios de paso. Los días pasan fluidos. Exámenes que no cuestan demasiado, muchos amigos, focos nocturnos, en invierno o en verano. Los cines cambian de función, los mirones se vuelven actores en la última fila, y las historias se dividen en líneas paralelas. La de la pantalla se va difuminando, mientras el roce y el calor se hacen reales y lo apartan todo.
Los fluorescentes de la oficina tiñeron de azul el aire, las moquetas llenas de polvo y los despachos vacíos. El resto ha desaparecido bajo montañas de informes, y el la pantalla de ordenador las líneas de números se persiguen y nunca llegan a ningún sitio. Arañas amarillas sobre fondo otra vez azul. Hace frío dentro y fuera. En los altavoces suena “Black or blue”. Una mujer exótica llegó y se fue, sólo quedó el humo del cigarrillo sin dejar nada a cambio. La voz le suplica que se quede pero es tan inútil como el ruido de las teclas flotando a quince metros sobre el Paseo de la Castellana.
Se hundió en el mar y cuando parecía que el fondo no existía, pegó una patada y subió. La tierra se volvió púrpura y Siouxie volvió reírse. La mujer de las veintidós caras se desintegró y es la misma pero es otra. A veces las caricias calientan su cara y aún se avergüenza, otras intenta controlarse y ser lo que parece que se espera de ella, pero el hielo no acaba de salir, y es que cuando una gota de rojo se junta con otra de azul, no se puede volver atrás, por muchos colores que se intenten mezclar
She tries not to shatter, kaleidoscope style
Personality changes behind her red smile
Every new problem brings a stranger inside
Helplessly forcing one more new disguise
Christine-the strawberry girl
Christine-banana split lady
Singing sweet savages lost in our world
This big-eyed girl sees her faces unfurl
Now she's in purple
Now she's the turtle. Disintegrating
Christine-the strawberry girl
Christine-banana split lady
22 faces...disintegrating.
Black or Blue – Suede
There was a girl who flew the world from a lonely shore
Through southern snow to Heathrow to understand the law
There was a boy who loved the noise of the underground
He left the coast and overdosed on that London sound
He said "I don't care if you're black or blue
Me and the stars stay up for you
I don't care who's wrong or right
And I don't care for the U.K. tonight so stay stay"
And then one day she moved away from those garden walls
She left some flowers, he smoked for hours
She understood the law
I don't care if you're black or blue
Me and the stars stay up for you
I don't care who's wrong or right
And I don't care for the U.K. tonight
So stay, stay, stay, stay…
There was a girl who flew the world
lunes 19 de octubre de 2009
domingo 18 de octubre de 2009
jueves 15 de octubre de 2009
El peor texto del mundo escrito mal apropósito.
Abri la preciosa caja dorada con mucho nervio de poder encontrar aquello que tanto anhelaba. Nada más abrir la caja apareció brillante y luminoso.
Allí estaba el anillo, esperándome despues de cincuenta años dentro de la caja. Me lo puse en el dedo y comencé a pensar en Rafael.
Salí corriendo con mucho nervio y miedo y vi al socio de Lourdes que estaba de pie junto al horno. Mi alegría era tan grande que no tuve tiempo de mostrarle mi precioso anillo ya que deseaba salir a la calle a gritar de alegría.
¿¿¿ Malo verdad???
miércoles 14 de octubre de 2009
miércoles 7 de octubre de 2009
Habitar un cuerpo como un pozo
es saber que el eco de la piedra está muy por debajo del número cuarenta y tres de mis zapatos.
Que cuando me habitas, entrando y saliendo por los largos túneles que son mi cuerpo
Buscas viajar por un laberinto que te lleve al táctil espejo donde se ve la bestia.
Pero entras y penetras por la imagen apenas sólida en apariencia.
Oscura por demás, como todos los túneles.
Viajes de la ebriedad por el filo del miedo a nuestra muerte.
Aunque se y sabes,
como todos los que prostituyen su miedo para vestirlo, al modo de los niños con los muñecos, de apariencia.
Que todo cuanto se ve es mentira y también cuanto se toca y hasta cuanto se piensa.
Que cada vez que te llamas por tu nombre, o por uno de esos muchos con que te nombra el olvido.
Es el ladrillo que hace el túnel de lo que hablas.
De esa cascara vacía en que nada pasa al deshabitarla.
Por eso, por cada vez que mis ojos se abren tras las muertes cotidianas,
se que no hago más que repetir la historia del mundo,
anteceder a un derribo que como la luz de las estrellas, tan lejanas,
no es más que el ser el instante de paso en un camino.
martes 6 de octubre de 2009
sábado 3 de octubre de 2009
viernes 2 de octubre de 2009
viernes 25 de septiembre de 2009
vuelo

El miedo es una orografia extraña que nos separa,
Un intrépido abrazo con vocación de abismo.
Al que como a todo lo que nos distancia, por que te quiero, Estoy agradecido.
A veces te toco y me siento tan lejos, Tan del final del horizonte,
que casi podría volver y apoyar la mejilla en tus espaldas.
Me sé silencios.
Los aprendo repitiéndolos despacio infinitas veces.
Me pongo la piel de ausencia.
La mirada de ojos abiertos, para los otros, Como si los viera.
Esa mirada fija, que los deja tranquilos... y me dejan.
Me pasan por alto, de lado, por abajo.
Y me voy cerrando con hábito de flores muertas.
Se me caen las ingles, se quiebran, Se deshojan pétalo a pétalo tobillos y muñecas.
Me cuelgo un cartel en el pecho que en letras de rojo oscuro, casi negras,
entre puntos suspensivos dice:
Fin de fiesta.
Lo demás es silencio, ...que me aprendo,Y que me cubre
cumpleaños ( cuello de cisne )

No todos sabían que le faltaba una pierna.
Aunque lo veían cojear y para hablar con el miraban casi al suelo.
A mi hermano muerto,
siamés mio que nació separado por una operación quirúrgica de años entre nuestros partos,
le gustaban los pintalabios malvas para pintar la boca por donde su muñon se desangraba.
Le molestaba que no vieran la diferencia y que nos dijeran que no nos pareciamos en nada.
Hasta falsificó su registro para que tuvieramos los mismos apellidos.
No recuerdo muy bien que existiera hasta aquella mañana, en que me dijo que eramos demasiados y que debia irme de la casa.
Yo decidí volar, pero no soy un suicida y le dije que esperara a que me crecieran las alas.
Desde entonces cada mañana, pinta curvas de nivel en mi espalda pequeñas circunferencias concentricas de color malva.
Me asomo por el sotano en que vivimos con aire de pollo dejando el nido mientras el me vigila con sus heridas dibujando laberintos en el suelo y con la urdimbre de su cordón umbilical enrollado de bufanda.
He decidido no prolongar más el viaje, pero quiero esperar a una noche en que no este muerto y haya cerrado las ojeras pintadas de malva, para salir volando de a poco por la geografía subterranea de la ventana.
lunes 21 de septiembre de 2009
viernes 18 de septiembre de 2009
jueves 17 de septiembre de 2009
Por que tambien las putas sueñan
Al menos las putas son sinceras...
al menos no engañan el alimento frio de su tristeza.
Quisiera ser puta,
no tender el veneno frio de la expectativa.
No vestir de amor la muerte.
no mentir-me, -te, -se, -la
desvestida del desarapo de los desueños.
Al menos las putas no mienten,
te envuelven su cuarto y mitad
o su mitad de cuarto
con la fria eficiencia del labio aplicado al formulario.
teclean su cuerpo contra el tuyo a 350 ppm,
te facturan el consuelo mientras miran volar nubes,
que se van lejos.
Por que tambien las putas sueñan,
pero no engañan.
Me sale tan mal ser puta,
pero a veces lo deseo tanto...
... ... ...
miércoles 9 de septiembre de 2009

Miedo a cerrar los ojos
y que se vuelvan a abrir
en la noche quieta de silencios y sombras.
Larga espera de torbellinos y silabas
que entran y se quedan.
Muero en cada despertar,
pero despierto
vagabundeo entre prisas cotidianas
y no vivo, y no sueño.
Relato de verano
La primera de las chicas que se dio cuenta de su presencia fue Piedad. Las vio a primera hora de la mañana y silenciosamente, cerró la puerta dejando que se quedaran. Esperó unas horas para anunciárselo al resto y lo hizo a escondidas, en corrillos pequeños. La cara de todas al conocer su existencia fue de sorpresa que se convirtió al segundo en un gesto de contrariedad. Sabían lo que ocurriría si no actuaban en seguida pero no tenían las ganas para hacerlo.
Cada día alguna de ellas las veía pero sigilosamente se daban la vuelta mirando a otro lado. Ninguna hacía nada, esperando que fuera otra quien tomara la iniciativa .El sopor veraniego incitaba a la quietud y desidia.
El primer cadáver apareció a las dos semanas. Lo dejaron allí, Nadie se atrevió a quitarlo. El temor fue inundando el ambiente cargado por el sonido de teclados y ventiladores. No sabían cuantas había, ni en donde se escondían. Cada vez serían más.
Las chicas decidieron reunirse para hacer algo y eligieron a Elena e Inés para que fueran ellas quienes echaran el veneno. No se atrevieron y lo dejaron encima de la mesa, cerrando la puerta que se quedaría cerrada durante días. La cocina dejó de existir. Para ir al baño, todas daban la vuelta atravesando el corredor. Después de una semana volvieron a reunirse. Tenían que acabar con ellas. Habían venido con la nevera, tímidas y pequeñas, sin querer salir al principio reconociendo poco a poco en donde se encontraban. Ahora ya no se irían.
jueves 20 de agosto de 2009
jueves 13 de agosto de 2009
Botones

Ni antes ni después, ni luego ni mas tarde, (eso debe de ser de Andrea).
Cambiamos las cosas a nuestro antojo, ni siquiera sabemos como se nos quedan prendidas...como si la piel del alma fueran los garfios del velcro que lo van dejando todo adherido.
Uno no elije, le viene luego, en el vacío, en los ratos de oscuro..-persianas bajadas-luz en puntos suspensivos-ruidos del parque, horas muertas; ahí si , ahí estas atrapado en el mes de agosto, en la calma chicha de océano muerto,-libros de los cinco-bocadillo de salchichón de vic, del rosa con lunares blancos.el tiempo es una franja horaria interminable, donde día y noche son accidentes que apenas se diferencian entre los fósiles de los teléfonos muertos, los amigos muertos, los propios muertos, el propio muerto que uno lleva dentro que pugna por salir.- Sandía, madre, terraza.Agosto, como el tiempo, es más horizontal que vertical, hay una nausea extraña, desnuda, dócil lomo de gato que acaricio en el esófago:esa sensación de bucle en que se permanece atrapado agosto tras agosto; tedio tras tedio.Y los botones, (acabo de recordar que eso fue de Pablo)-bocadillos de salchichón de vic con fósiles de lunares grasos y blancos- los cinco que me llaman por teléfono:-Ring, ring -(aunque los teléfonos no suenen así hace ya mucho tiempo)y ahí esta la vieja foto con un agosto diferente del que ya no tengo memoria, o si...con mis pies pequeños sobre la sonrisa del bañador negrobouquetdefloresdemimadre con un bocadillo blanco y negro entre mis manos, con una piel blanca y negra sobre mis manos, con un silencio blanco y negro lleno de polvo de agosto tras agosto...Sandía, terraza, madre..........bocadillo de Vic,lunares blancos, pequeños botones blancos de una bata que salía, pero eso fue en el mes de mayo, cuando las imágenes se invertían pequeñitas en un gotero que lo invertía todo , gota a gota de color azulado.Cuando el bañador negrobouquetdefloresdemimadre lo habían cambiado por una bata extraña de lunares azules sin botones blancos como una loncha de salchichón de vic extremadamente pálido que yo veía en un gotero invierte todo irse desangrando, gota a gota. Lunar, a lunar como una lluvia insomne de botones blancos.Los botones que sirven para prender, para sujetar, como zipper suspensivos que atan unas partes a otras en nuestra memoria.Hoy he pensado en los botones, sin agujero con uno, con dos, con cuatro, he recordado la lata del aparador que contiene miles de ellos, una cebra cuadrada color verde musgo con listas doradas.He pensado en papá, en la esquina del cuarto, en el camisón de lunares, en el salchichón de vic, en mi exceso de botones.En los ojos como botones en blanco, que colgaban del hilo desprendido lentamente por los goteros azulados.Cambiamos las cosas a nuestro gusto como en las cajas de botones, ...nos las inventamos
martes 11 de agosto de 2009
LA FLOR DE LA CANELA
Eran tres y entraron corriendo al vagón. Miraron a uno y otro lado para cerciorarse de que no había ningún vigilante e inmediatamente se pusieron a tocar. Guitarra, bombo y quena. Aunque no era una hora punta, el metro iba bastante lleno y los absurdos sombreros de mariachi que llevaban eran algo más que un estorbo. Entre San Bernardo y Noviciado se paseaba “La flor de la canela” ante la más absoluta indiferencia de los viajeros que a juzgar por la impasibilidad de sus caras, se habían quedado repentinamente sordos. Seguramente hubo un error de cálculo, porque cuando aún estábamos con los jazmines en el pelo, el tren se detuvo y los tres se bajaron tan atropelladamente como habían subido, sin tener tiempo para las rosas en la cara ni para pasar uno de los sombreros ante tan apática concurrencia. Seguramente se evitaron una decepción. Afuera era noviembre y llovía
lunes 27 de julio de 2009
Numeros de circo
Convocatoria de ausencias y otros formularios
Han muerto los que inventaron el silencio.
Han muerto y todo esta lleno de ruido.
Como un enjambre enfurecido hablan de la luz,
Una luz tan intensa que elide la sombra.
Una sombra ausente,
un silencio muerto.
He llegado tarde al olvido,
en este anden ausente de la espera
con la memoria en mi maleta
obligado a seguir siendo quien respira.
Generaciones de paz aun me convocan,
manadas de cuerpos buscando silencio
me pesan en los pies mientras asciendo.
Como un buzo sin aire
que busca futuro en el grueso cristal
de una superficie aun demasiado lejana
.... ... ... ... ... ...
como fuegos artificiales, en mi pecho,
mientras golpeo el cristal los pulmones estallan.
jueves 16 de julio de 2009
martes 23 de junio de 2009
Espuma, plancton, mucho rojo y aniversarios
Un día 23 de junio como hoy, hace exactamente cincuenta años, un escritor maldito entró en un cine a hurtadillas para poder ver el estreno de la primera adaptación que se hacía de una obra suya, al que le habían prohibido asistir por lo que se conoce habitualmente como "desavenencias con el director". No sabemos que pensó de aquella película porque, aunque era joven, sólo 39 años, su corazón, tan fuerte para según qué cosas, no resistió la experiencia y murió. Y así cumplió, por poco, esa autoprofecía que repetía de que no alcanzaría los cuarenta, esa edad supuestamente de mal augurio que me cayó encima este año, por cierto.
Los universos de los libros de Boris Vian se cruzaban frecuentemente entre sí, el doctor asesino de sillas de "El otoño en Pekín" se había vuelto psicópata por no haber podido curar a la Chloé de "La espuma de los días", y cuando pensábamos que Angel había evitado un destino oscuro en el mismo "Pekín" (que por cierto, no ocurría ni en otoño ni en Pekín) caía en nuestras manos "El arrancacorazones" y descubríamos que su futuro no era un camino de rosas precisamente...
"La espuma de los días" fue el primer libro "adulto" que escogí leer, y me enamoró del todo, porque no sólo era una (bueno, en realidad tres) historia de amor preciosa y emocionante, era un mundo diferente a todo, donde las imágenes luminosas se intercalaban con críticas atroces (esas beneficiencia pública que degollaba niños... o esa crítica a Sartre que en realidad era su amigo, al menos hasta que se lió con su primera mujer). Y por lo visto no fui la única. En una encuesta a los lectores franceses sobre cual fue la obra que les provocó el gusto por la lectura, "La espuma de los días" ganó por abrumadora mayoría. Y yo estoy tan feliz de ser tan poco original.
Luego hay más cosas, fue ingeniero de obras públicas, experto en ferrocarriles (vale, lo mío es la hidráulica, no los ferrocarriles, pero es uno de los míos), fue músico, cantante, actor, vamos, todo lo que me habría gustado ser a mí. No tuvo suerte, quizás tampoco la buscó, le gustaban demasiado la irónía, el sarcasmo, la crítica, y nunca le perdonaron su afición al sexo o hacerse pasar por un escritor negro para reírse de los críticos de la época o escribir una canción sobre las razones para desertar de un pobre hombre en plena guerra de Indochina, en fin, todo un personaje. Lo que sí está claro es que hizo lo que quiso, hasta el final.
Y yo no le olvido, sigo disfrutando de sus libros. También hasta el final. En algo más nos teníamos que parecer
jueves 18 de junio de 2009
De cómo Almudena y Christine desaparecieron una tarde de la casa de los Huertos
Ellas no se dieron cuenta, sólo era una sombra que escondía un hombro del sol o cruzaba el camino un segundo antes de que llegaran. Vio como recogían cardos violetas y se quejaban al pincharse, como juntaban amapolas y hojas verdes enormes y sedosas.
Siguieron el cauce, cruzaron puentes, bebieron de los manantiales entre zarzas remontando con paso firme, parecían resueltas a encontrar la fuente, el origen de todo. Pasaron minutos, puede que horas, desde arriba nada es seguro, sólo intuición. Los campos amarillos se volvieron verdes y le costaba verlas cada vez más. Y cuando el arroyo había encogido tanto que parecía un hilo de plata, apareció el lago en medio del camino. Ellas entraron como si no estuviera allí, frenando atrapadas por el rozamiento y la ropa hinchada.
Se sintió desorientado, no recordaba haber visto nada igual por allí y se quedó mirando al pájaro que vibraba al otro lado del espejo. Se olvidó de ellas, del chapoteo, de las voces y las flores. Y cuando quiso volver ya no pudo verlas aunque buscó bajo los círculos que se hacían más y más grandes en la superficie, debajo sólo había espirales de algas moviéndose a ritmo lento y algo brillante que se asomaba bajo ellas
El grupo llevaba ya dos horas esperando a que volvieran, alrededor de la mesa del patio, los pies fríos y la cabeza inquieta. El mirlo bajó en picado y dejó algo ante sus ojos. Una pulsera de plata que todos reconocieron enredada en algas de río












